Season finale: Boardwalk Empire, la calma que precede a la tormenta

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Recuerdo la primera vez que pedí un Boardwalk Empire. Era suave al principio, áspero al final, arisco pero muy fino durante el trayecto. Una sensación muy placentera, sin duda. Me lo había recomendado Martin Scorsese. Y quien soy yo para ignorar a semejante genio. Boardwalk Empire, como los mejores whiskies, se bebe despacio, con calma, disfrutando sorbo a sorbo, secuencia a secuencia. Tienes que detenerte a disfrutar su aroma, su elegante fragancia. Tienes que contemplar el mundo que te ofrece, tan nítido, tan vívido. Una recreación inimitable, poderosamente evocadora, un paraíso gris, una jungla salvaje donde los hombres de poder no tienen dinero y trajes de escándalo, sino un revólver y mucha sangre fría.

Al igual que un whisky de 32 años, Boardwalk Empire no se mezcla. No se bebe durante el día. Para deleitarse con su energía es necesario tranquilizarse, apagar las luces, contemplar la oscura noche, encenderse un cigarrillo y relajarse con el sonido imperceptible del humo cortando el aire. Cada capítulo es puro placer, una sensación de gozo continuo donde las caras del hombre perdido, las facetas de ese ser humano corrompido por su ambiciosa sed de poder que nubla su juicio y enfría sus sentimientos, se encuentran entre sangre derramada, venganzas crueles y despiadadas y unas relaciones humanas deterioradas por un contexto feroz en el que la luz del sol apenas se manifiesta. Boardwalk Empire es oscuridad profundamente bella, gélida y sobrecogedora no apta para todos los paladares. Y en ocasiones, no apta para todos los estómagos.

La serie creada por Terrence Winter quizá sea la más infravalorada del panorama televisivo. Los grandes premios la obvian y gran parte del público le da la espalda, ahí están sus audiencias. Bien pronto se olvidaron de sus esplendorosas primeras temporadas y del inconmensurable trabajo de Steve Buscemi. Gracias a Dios, Bobby Cannavale vio recompensado su insuperable trabajo con ese más que merecido Emmy que todos los fans de la serie veíamos peligrar.

A partir de aquí, Spoilers suavecitos, para los más susceptibles.

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Pero estamos aquí para hablar de la 4º temporada y en eso nos vamos a centrar. ¿Floja? Por favor. ¿Mala temporada? En serio, por favor. ¿La peor? El término peor se puede malinterpretar y no quiero que eso suceda. Posiblemente así haya sido pero eso no desluce en absoluto el espectacular trabajo realizado. Boardwalk Empire no ha perdido una pizca de su naturaleza más pura y ha mantenido unas nuevas tramas con soltura y suficiencia elogiable, con un elenco de personajes rico y variado a la altura de lo que muchos esperábamos. Este cuarto tramo de la serie me ha recordado mucho a la primera temporada: tras una vibrante y demoledora third season que estallaba violentamente tras mantener un ritmo frenético impropio de la serie, se vuelven a colocar las piezas del puzle otra vez y el tablero de juego se ha visto modificado, renovado, incluso muchos diríamos que la partida no ha hecho más que empezar. Winter y los suyos nos han allanado el camino con esta cuarta temporada, pero sobre todo nos están preparando para algo bien gordo. Y si el resultado va a ser algo similar a lo que vivimos con la segunda temporada, mi favorita dicho sea de paso, relajémonos, vayamos a disfrutar del espectáculo y tratemos a estos 12 capítulos como de verdad se merecen. La calma que precede a la tormenta como muchos dirían. Pero lo gracioso del asunto es, que de calma nada señores. Empecemos.

A partir de aquí, Spoilers igual de potentes que la furia de Al Capone.

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A pesar de no contar con la cólera incontrolable del implacable gangster siciliano Gyp Rossetti, la temporada ha sabido manejar bien los frentes abiertos de su densa narrativa, y aunque Nucky Thompson no se haya visto en problemas tan graves como los que les propició el flamante personaje ganador del Emmy, el peligro y con ello la tormenta ha ido cerniéndose poco a poco sobre todo el elenco de personajes sobre los cuales ha empezado a chispear. Y eso ha sido un acierto. Enoch esta vez ha perdido mayor protagonismo pero no por ello brillantez, al igual que el personaje interpretado por Kelly Macdonald, de quien echaba de menos su encantador acento, pero no ha significado la ruina de la serie ni mucho menos. Ha sido una temporada más abierta, más coral que nunca en este sentido, donde todos han tenido su pizca de gloria y reconocimiento merecido y esperado. Por poner el ejemplo más visible y también reconfortante, hemos visto a Chalky White en su mejor versión, lo que nos ha podido ofrecer una riqueza que antes apenas habíamos podido vislumbrar. El que fuera en The Wire el inolvidable Little Omar ha demostrado su verdadero potencial en esta temporada. Ha sido algo así como el protagonista en la sombra, parte del alma de la función, con quien hemos vivido momentos realmente duros y también excitantes, como su atroz contienda con Purnsley, su intensa aventura con Daughter o su explosivo conflicto con Dr. Narcisse. Nadie duda de qué será una de las piezas clave en la siguiente temporada y eso es un genuino regalo del que los chicos de la HBO sabrán sacar petróleo.

Volviendo al imborrable papel de Bobby Cannavale, es un grave error intentar compararlo con el filántropo personaje interpretado por Jeffrey Wright (Dr. Narcisse). Muchos esperaban un mayor peso de su magnífica presencia, amedrentadora por momentos, aterradora con solo una mirada. Rossetti era una bomba de relojería que en algún momento había que detonar. Dr. Narcisse es un personaje más inteligente pero sobre todo tan despreciable que no podía desaparecer tan rápidamente. Necesita tiempo, más cocción, pues todavía no se ha visto de lo que es capaz este animal. Obviamente el cariño es mayor hacía Gyp y luchar contra su sombra es tarea ardua complicada. Quizás ese haya sido su mayor escollo, pero no se puede ignorar su gran papel e influencia en el devenir del argumento.

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Eli también ha sido uno de los personajes relevantes de la temporada con un peso inesperado y sobre todo por culpa de su hijo Willie, que ha sabido ganarse un hueco en la serie. Ya éramos conscientes de su inestable temperamento y de su amor por la familia. Y ha sido puesto a prueba, otra vez. Y su hermano lo ha perdonado, otra vez. Aunque todo sea dicho, la primera traición fue por decisión propia. Esta vez se ha visto entre la espada y la pared, lo que ha hecho ver más matices de un personaje que a muchos les podía parecer simple y plano. Sin embargo, no ha sido tan interesante su aportación a lo largo de los capítulos como sí lo podrá ser su colaboración con Nelson Van Alden y Al Capone, en Chicago. Ha sido clave, eso sí, en el complejo entramado del FBI por desenmascarar al crimen organizado. Esta trama, que encuentro ha sido bien hilada y bien llevada, gracias al buen papel del agente Knox, y que realmente funciona como recurso narrativo, ha propiciado uno de los momentos más trágicos y también tiernamente tristes: el suicidio de Eddie. No era mucho su peso en la serie, pero su muerte ha dejado un minúsculo espacio que solo él podía llenar.

Mientras, en Chicago, las cosas han saltado por los aires y cualquier seguidor de la serie está expectante por ver a Al Capone en su máxima expresión. El desequilibrado de Van Alden también ha tenido su reconocimiento y su evolución (¿o más bien su vuelta a los orígenes?) se antoja todavía más interesante. El papel de Michael Shannon siempre es determinante y tampoco ha defraudado, algo de lo que tiene mucha culpa la familia Capone y que ha devuelto a la bestia al ruedo. Por otra parte, Gillian, otra perturbada mental por mucha lástima que sienta por ella, tal vez haya obtenido el castigo más duro para una mujer que solo persigue sus intereses personales (cuestionables o no es otro tema a tratar pero es lo que dota de interés al personaje) y se desconoce a simple vista su influencia para la siguiente temporada. Su trama ha sido llevadera y liviana. Su giro final ha sido sorprendente y no tengo nada que reprocharle. Y, por supuesto, el apellido Darmody sigue clamando guerra y no puede desaparecer sin más.

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Para ir finalizando, lo que más atracción puede despertar de cara a la quinta temporada es la llamativa, misteriosa y curiosa relación que han empezado a forjar Rothstein y Margaret, algo que si los guionistas trabajan con esmero e ingenio podrán sacar de ello algo realmente de provecho y brindarnos una trama con muchas posibilidades. Y por último, el momento más triste de la temporada ha sido la poética y ansiada redención e inesperada muerte de Richard Harrow, un personaje apreciado por muchos y por el cual sentía un tremendo cariño. Tal vez debería alegrarme por él pero dejará un vacío inmenso. Representaba la humanidad dañada, el nervio tranquilo, el desafortunado hombre que no puede escapar de un pasado que le ha transformado y sobre todo, marcado. Tras la guerra volvió a nacer, pero su cometido, desgraciadamente, parecía seguir siendo el mismo. Tal vez el personaje más vulnerable y por ello el más humano. Descansa en paz y armonía, Richard Harrow.

No ha sido una temporada de momentos o secuencias para el recuerdo, sino más bien de sensaciones dispersas, de emociones que han colisionado violentamente y han puesto en jaque a los personajes, de relaciones que se han puesto a prueba y sometidas a los avatares del contexto. Muchos de ellos se han visto puestos al límite, algo que muy bien sabe ofrecer la serie. Ha sido una temporada menos pesada, con una narrativa y un mapa de tramas con menor densidad de lo habitual, pero no por ello menos riqueza, donde todo ha fluido con menos intensidad pero siempre pensando y preparando el escenario final. Se ha echado en falta el nervio y la constante sensación de peligro que aportaba Rossetti. Pero todo sea dicho, el nivel se ha mantenido sobradamente. Lo que quiero decir es que Boardwalk Empire sigue siendo Boardwalk Empire y su sustancia, su esencia, lo que de verdad la hace grande y única, sigue intacta. Ah, por cierto, su dirección, nada que decir la verdad, simplemente revisad los capítulos, relajaos y recréense, sobre todo ese delicioso y maravilloso 4×05. Tim Van Patten y los suyos siguen siendo los putos amos en esta parcela.

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Es curioso como esta temporada ha logrado sorprender a los espectadores (para bien o para mal, eso ya lo dejo en vuestras manos) dejando sus expectativas por los suelos. Antes de la season finale muchos daban por muerto a Eli tras su segunda traición a manos de Nucky, otros no daban un duro por el moribundo Chalky White y su querida Daughter, y más de la mitad del público esperaba que Dr. Narcisse acabara con una bala incrustada en el cráneo. Los planes que tienen preparados los mendas de la HBO son más grandes que esas pequeñas y precipitadas presuposiciones que hubiesen deslucido un final de temporada que no se tiene que entender como tal, sino como un marco inmenso y estilizado que se nos despliega y prepara, como una corroída puerta que poco a poco se va abriendo y del cual se vislumbran resquicios de unas llamas tenues pero furiosas, que nos avisan de que esto es solo el principio del caos. El viaje en tren por esta tanda de 12 capítulos ha sido movidito, algo calmado en ocasiones, pero que puede descarrilar en su paso por la siguiente estación. Y lo mejor de todo, es que no hay nadie al mando y todos quieren pilotarlo.

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Un Comentario

  1. Alejandra Álvarez

    Muy de acuerdo con todo lo que expones, Boardwalk Empire con Michael Shannon es muy grande, desde factura técnica, interpretaciones, guiones, dirección fotografía, banda sonora, es un no parar

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