American Horror Story: Coven

Para una mejor ambientación dentro de este artículo necesito que le deis al play:

 

Esto es, más o menos, lo que suena en la cabeza de Ryan Murphy a diario. El creador, un obsesionado de Fleetwood Mac y Stevie Nicks, ha querido que una de sus pasiones quedara reflejada en esta tercera temporada de American Horror Story, generando, así, una disonancia cognitiva del copón. Porque si alguien espera escuchar Silver Springs en una serie con la palabra ‘horror’ en el título, que vaya al psiquiatra de inmediato.

Tras las casas encantadas y los manicomios, Murphy y su Sancho Panza particular, Brad Falchuk, decidieron meterle mano a la brujería. Situaron en Nueva Orleans la nueva historia, en la que una institución dirigida por  la (EMMY) genial (EMMY) Sarah Paulson (EMMY) acoge a jóvenes con poderes mágicos. Una especie de Hogwarts, salvo que aquí dejan hacer magia fuera del colegio… y ahora entendemos el porqué de esa norma en el castillo londinense. Entre las jóvenes brujas están Emma Roberts interpretándose a sí misma, Taissa Farmiga, Gabourey Sidibe y Lily Rabe. El conflicto llega, como no podía ser de otra manera, cuando Jessica Lange entra en escena. Su personaje es lo que en el mundo brujeril llaman “Suprema”, lo que viene a significar que es la más poderosa-chupiguay-“os mato a todos con una mirada” del aquelarre. El problema es que cada vez que una nueva Suprema surge, la anterior pierde todos sus poderes, y Lange no está dispuesta a que eso ocurra. Completando el casting está la aterradora Kathy Bates torturando negros como si no hubiera mañana, Frances Conroy con la mejor peluca de la historia (BALENCIAGA), Evan Peters gruñendo con cara de atontado y Angela Basset lavando cabezas a diestro y siniestro.

Coven ha sido, en diversos aspectos, la temporada más floja hasta ahora, aunque en muchos otros ha llegado a superar a sus predecesoras. Hemos perdido en terror, creepismo e intensidad; pero hemos ganado diversión, bitching y capítulos dirigidos por Alfonso Gomez-Rejón. Un total de seis episodios han sido orquestados por este genio de los puntos de vista, mientras que en las temporadas anteriores tan solo fue responsable de dos. Es más que probable que American Horror Story: Coven hubiera carecido de sentido sin este hombre tras las cámaras, puesto que los personajes, las tramas e incluso la propia mansión se han visto favorecidos por la excentricidad y la innovación de sus planos.

En una escena de la serie las protagonistas juegan a lo que los americanos llaman tag y en mi colegio llamábamos “peste” (alguien tiene la peste y debe pasársela a otra persona tocándola). Un inocente juego de niños que en manos de Ryan Murphy se torna turbio y acaba teniendo consecuencias catastróficas. American Horror Story: Coven es un poco eso: juvenil, cómica, incluso algo absurda… pero con todos esos elementos retorcidos hasta la pérdida de la inocencia. Retorcidos como el propio Murphy, un señor que probablemente esté ahora mismo escribiendo truculentos asesinatos para la cuarta temporada de la serie mientras escucha Songbird.

American Horror Story Coven Lily Rabe

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